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El Juicio



Por Equipo uniderecho.com

Publicado en enero 19, 2007

El Juicio

El estado febril que me tenía postrado en la cama, producto del invierno, me hacía pasar, del estado de vigilia a un estado de somnolencia, según bajara o subiera la fiebre.- Sueños incoherentes, desconectados de la realidad, se sucedían sin pausa, dejando apenas un vago recuerdo en mi maltratado cerebro.-

Una y otra vez los párpados se me cerraban por más esfuerzo que hiciera en mantenerlos abiertos, hasta que de pronto, una serenidad poco conocida se apoderó de todo mi ser, y al abrir nuevamente los ojos, sentí que mi cuerpo ya no tenía peso, y estaba, como suspendido en el aire, mirándome a mi mismo tendido en la cama, como si durmiera plácidamente.-

Permanecí en ese estado, con la extrañeza que despertaba en mí el momento, hasta que me sentí jalado hacia arriba por una extraña fuerza, a la cual no podía oponerme.- Sin temor alguno, y a una velocidad vertiginosa, entré en una especie de túnel, en el qué, pese a ser luminoso, se destacaba en el fondo, una mucho más brillante claridad, pero la cual, con su resplandor no agredía para nada mis sentidos.-

Al llegar el final de ese rápido viaje, la luminosidad se transformó en un horizonte claro, pero sin sol, y yo sentí que caminaba por un mullido colchón verde, aunque no de césped.- Así, de repente, me vi rodeado de gente que yo no conocía, que solos, o en grupos, caminaban hacia un edificio al cual entraban pausadamente.-

También yo encaminé mis pasos hacia allí, y al llegar a su entrada, un anciano, de aspecto bonachón, que parecía ser del lugar dialogaba brevemente con todos, y decidí averiguar que me estaba sucediendo.-

_Anciano, ¿podría decirme que es este edificio?.-

_El tribunal, me respondió sin levantar la vista.-

_¿Qué tribunal?........, insistí........

_El que juzga los actos humanos, fue la respuesta........

Ahora sí que estaba totalmente confundido, ¿es que acaso así era la muerte?,....... _No, respondió el anciano, como si hubiera leído mis pensamientos........... _¿Entonces?, volví a preguntar al anciano..........

_Eso lo decidirá el Tribunal, y esas fueron las últimas palabras que me dijo, antes de incorporarse y entrar al edificio.-

Permanecí ordenando mis ideas, y luego de unos instantes, y al notar que solo yo estaba fuera, sabiendo que no estaba muerto, entré en aquel extraño lugar.- Era un espacioso ambiente, en cuyo fondo se destacaba una especie de escritorio, rodeado de personas vestidas todas de igual manera, y cual sería mi sorpresa al ver sentado en el escritorio el anciano de la puerta.-

Una especie de secretario nombraba a las personas presentes, y una a una se acercaban al escritorio, pero al no poder oír lo que allí sucedía poco a poco me fui acercando para escuchar mejor, esperando yo también mi turno.-

_Fulano de tal, decía el supuesto secretario, y agregaba, abogado............., y a coro los que rodeaban al anciano decían, al infierno, por sus culpas ¡al infierno!.- _Mengano de cual, nuevamente decía el secretario, agregando, político.............., y otra vez el coro, ¡al infierno!.-

Y así se fue repitiendo la escena una y otra vez, desfilando por allí, sacerdotes, médicos, y toda clase de personas, hasta que de repente me sentí empujado hacia delante al escuchar mi nombre, y alcancé a oír, ¡escritor!..........,

Perdí el sentido del tiempo, y sin saber cuál había sido mi sentencia otra vez me vi en el túnel del comienzo, pero esta vez de regreso.-

Unos fuertes empujones me consiguieron despertar, y sentándome en la cama, comencé a recorrer con la vista el lugar, pero no había ni rastro del paraje donde había estado..................nada de la dorada luz, nada del anciano de severo gesto y ojos serenos, nada de aquel juicio al que había sido sometido...............

En pocos días la fiebre había desaparecido, y retornaba a mi rutina habitual de buscar personajes para mis cuentos, asumiendo las personalidades de todos aquellos que recordaba, habían sido juzgados en el tribunal de mi enfermedad, con sus aciertos y sus errores, con sus acciones y culpas, pero lo que sí tenía muy claro en mi corazón era que yo había recibido la más dura de las sentencias, ¡estaba condenado a vivir!.........